miércoles, 10 de diciembre de 2014

Feliz cumpleaños, Mamá

Esta semana dedico mi post a la persona más especial. Una que no necesita un dispositivo y mucho menos Internet para leerme o para saber lo que tengo que decir. Hoy es un día intenso y de sentimientos encontrados. Tal día como hoy, hace años, venía al mundo una mujer única. Tan bella por fuera como por dentro. Inteligente, amable, amorosa.. la mejor mujer que haya conocido jamás. A quien admiro profundamente y espero algún día parecerme mínimamente... Aunque no puedas probar el pastel ni abrir delicadamente el papel de regalo, como solías hacer...Feliz cumpleaños, Mamá. 

Habrá quien piense que mal que estoy para decir algo así, pero no es así. Estoy bien y voy a estar mucho mejor gracias a ti. Te debo tanto, que es incalculable... y si hay algo que nunca podré pagarte es que me diste la vida dos veces: la noche que me trajiste al mundo, y el día que -por una promesa a ti- me realicé las pruebas que me llevaron al camino que recorro hoy. ¡Infinitamente gracias Mamá!

Gracias por enseñarme tantas cosas. No sólo me enseñaste a hablar sino también a hacerme entender; A comer, pero también a alimentar cuerpo y alma. Por enseñarme a leer no sólo letras... Me enseñaste a vivir, a querer, a perdonar; A luchar, a escuchar, a hacerme respetar. Nos inculcaste valores y nos enseñaste con el ejemplo lo fundamental que es la familia y la importancia de compartir... saber ser y estar... y hasta qué color me sienta mejor. Gracias por dejarme a Papá y a mi hermano, que son mi fuerza y mis ganas para ganar cualquier batalla. Gracias por esa paciencia infinita que lo entendía y lo perdonaba todo. Por tantos recuerdos... tanto amor. No me alcanzará una vida para agradecerte tanto, pero cuando nos reencontremos espero haberte dado muchos motivos para sonreir.
Si bien hay momentos en los que llega a faltar el aire por tu ausencia física.... Se queda en eso, sólo momentos, porque estás aquí. Un día como hoy no puedo echarte de menos porque vives en mi, en nosotros. Tu energía, tu luz, tus hermosos ojos verdes aún brillan en mis retinas. Tus caricias están grabadas en mi piel, tus abrazos aún me dan calor y tu voz...tu dulce y cariñosa voz, me sigue dando paz y tranquilidad. Sólo necesito cerrar los ojos cada noche, en compañía de mi almohada, para poder verte... Ya no necesito llamarte para decirte todas esas cosas que sólo tu y yo sabemos. Y aunque ya no puedes contestarme como lo hacías antes, estás ahí y vas conmigo a donde quiera que vaya. No importa lo que pase, porque sólo con saberte cerca disipas mis miedos y me das de nuevo toda esa paz y fuerza que sólo tu puedes dar.

Te admiro infinitamente, Mamá, y ojalá algún día te llegue siquiera a los talones. Eres la mujer más íntegra, fuerte y dulce que jamás conocí. Cómo dejarme caer si te debo tanto? Cómo no luchar si me allanaste tanto el camino? Cómo no vencer si me enseñaste con el ejemplo?  

Feliz Cumpleaños, Mamá. Donde quiera que estés, hoy damos las gracias porque un ser tan especial haya venido al mundo y nos haya llenado de tanta paz, tanta fuerza y tanto amor. Tanto, que no me alcance toda una vida para agradecerte.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El poder de la comunicación

Se acercan las Navidades y todo lo que ello conlleva. Si bien cada ser humano es un mundo, cada familia podría decirse que es un Sistema Solar. Como todos sabemos, éste consta de un grupo de planetas que giran en órbita, por efecto de la gravedad, entorno a una gran estrella llamada Sol. Entonces ¿Qué ocurriría si esa estrella se apagase?... Yo no soy astrofísica, pero en mi Sistema Solar nuestro Sol se apagó hace poco. Y si bien al principio fue un caos interestelar en el que perdimos hasta la fuerza de gravedad, poco a poco se retoman las órbitas en un nuevo orden. 

Cada uno de nosotros tiene su Sol/es particular/es, y nosotros también lo somos para otros. Perder tu Sol puede ser realmente catastrófico, pero para no perderte tienes que reencontrar tu nueva órbita reequilibrando las fuerzas de gravedad con el resto de tus soles. Cada uno tiene su manera natural de retomar el equilibrio, y para ello necesita su tiempo. Todos tarde o temprano perdemos un Sol, pero no por ello nuestro sistema entrelazado deja de existir. De hecho, nos hacemos más fuertes. Ése sol que se apaga, en su momento nos llenó de luz. Esa luz es energía y esa energía vive y vivirá siempre en nosotros, si así lo queremos. Podemos dejarla fluir positivamente o todo lo contrario. 

Como seres humanos, vivimos en comunidad, en familia, por lo que la falta de un Sol afecta a todos los planetas que la conforman. Si bien cada uno de nosotros tiene su órbita, todas están relacionadas entre si. Por lo que cuando alguno pierde el equilibrio, de una manera u otra siempre afecta a los demás... imagina qué ocurre cuando varios o todos pierden el equilibrio. Pues bien, de eso es de lo que quiero hablarte. No sé si pueda servirte de ayuda, pero te cuento cómo lo estoy viviendo yo.

Como muchas veces te he comentado, debemos aprender a aceptar nuestras limitaciones. En mi caso, no sólo hemos perdido nuestro Sol en casa (mi madre) sino que estamos luchando con mi enfermedad. Y digo "estamos" porque, como bien sabes la enfermedad no sólo la sufre quien la padece, sino todos los que le rodeen y en especial su familia más cercana. Entonces, en mi particular, mis otros Soles son también planetas y satélites que sufren mi desequilibrio y el suyo propio por todas las turbulencias que afectan nuestro sistema. 

Dado el cúmulo de circunstancias negativas, a momentos me veo abrumada por pensamientos en los que intento solventar todas las situaciones que se me presentan, teniendo en cuenta los panoramas posibles, como nos pasa a todos alguna vez. Tenemos la solución a una situación delante de nuestros ojos, de hecho la hemos encontrado por nosotros mismos y sabemos que existe pero nos ahogamos en un vaso de agua dificultando las cosas con múltiples matices que podemos eliminar practicando algo muy sencillo y nos siempre habitual: la comunicación

En muchas ocasiones las cosas son mucho más sencillas de lo que nosotros las hacemos. Y te lo simplifico todo en 3 palabras: No somos adivinos. En este caso hablo de las relaciones interpersonales, pero se extrapola a otros aspectos de la vida cotidiana. Nos lleva una vida entera conocernos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a saber con certeza lo que pasa por la cabeza (y corazón) de los demás en todo momento? Por mucho que los conozcamos, y en algunos aspectos de su personalidad a veces mejor que ellos mismos, aún no tenemos la habilidad de leer la mente... ¡ya nos gustaría!

No siempre se puede hablar de todo, pero siempre se puede entablar alguna forma de comunicación. En el caso que me ataña hoy, que es el desequilibrio ocasionado por la falta de una pieza fundamental de la familia y que se ve incrementado en un momento puntual por ser fechas importantes para los miembros, puede ser fundamental el diálogo. Sólo nosotros sabemos lo que nos hace sentir mejor o, más importante aún, lo que nos ocasionaría más dolor y tristeza. Es, entonces, una buena idea dialogar entre los miembros en lugar de reprimir. Conversar y compartir lo que nos hace daño para entre todos encaminar y enfocarse en lo que hace/haría bien a cada uno y descartar actitudes, objetos, situaciones que generan/generarían lo contrario. 

Al dialogar y exteriorizar los sentimientos, temores y deseos, se tiene un conocimiento más amplio y específico de lo que nos fortalece y nos debilita a cada uno, con lo que nos facilitamos el camino (dentro de lo que cabe) en el avance a un reencuentro del nuevo equilibrio. 

Dicho esto, quiero desearte el mejor inicio de Diciembre que puedas tener. REcordarte que si quieres comentar, preguntar o contar algo puedes enviarme un mail a tuquieresypuedes@gmail.com También puedes seguirme en 
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Buenos días y gracias por leerme. 


viernes, 28 de noviembre de 2014

Querer es poder. La fuerza está en ti.

Son muchas las formas de conseguir lo que quieres. Nadie ha dicho que sea fácil, de hecho, pienso que lo bueno de la vida siempre se hace esperar... se hace de rogar, y requiere esfuerzo. A veces nos cuesta más y otras menos. Son también muchas las formas de hallar inspiración, y hoy voy a utlizar una de ellas. Todos podemos llegar a donde nos lo propongamos. Es nuestra decisión y de nosotros depende que así sea. Sea por el motivo que sea, siempre podemos estar mejor... y quiero ponerte ejemplos con nombre y apellido para que palpes el sabor del éxito producto del esfuerzo constante. Para que cuando sientas que las cosas se ponen difíciles o que "no pueden ir peor", tomes nota y sepas que tú sí puedes. Las cosas siempre pueden ir a peor, aunque suene terrible, pero también a mejor... y de eso se trata. De ir siempre a mejor, sea cual sea nuestro punto de partida... o de continuación. 

El primer ejemplo que quiero darte es el de mi padre. Él es la viva historia de un emigrante, un luchador y un HOMBRE con todas las letras. Como muchas familias españolas, emigró de pequeñito, "cruzando el charco" para el nuevo mundo. Habiendo salido de un pequeñito pueblo de Galicia, fue a desembarcar en una gran capital: Buenos Aires, donde creció, se formó y conoció a su otra mitad, como siempre dice con amor. Aprendió a luchar por un futuro desde pequeñito, y fue lo que hizo pasando por un sin fin de vicisitudes a lo largo de su atareada e interesante vida. Se reinventó en la infancia, en la juventud tras la terrible pérdida de su madre, tras 2 emigraciones más (en la adultez y la madurez) y ahora lo hace tras haber perdido a la mujer de su vida, su gran amor y la mitad de su ser, y ayudándome a salir adelante a mi. ¡Es increible! Su fuerza, su entereza, su dulzura y su amor son infinitos. Pero sin dedicarme a deshacerme en halagos, porque no terminaría nunca, quiero transmitirte que bajo ningún concepto se dió por vencido. Él ha luchado ante situaciones muy duras, algunas extremas, y ha salido adelante siempre. Lo hizo por él mismo, y también lo hizo (y hace) por amor y por un himno a la vida. Él siempre, desde pequeña, me ha dicho "Laurita... un día de sol no hace verano, hace falta constancia, perseverancia"... y es así. Las cosas no se consiguen de un día para otro, hace falta mucha fuerza de voluntad.

Una amiga llegó a mi vida y la de mi familia para demostrarnos que no todas las concidencias son casualidades y que todo ocurre por una razón de ser. Una joven preciosa, inteligente, trabajadora, muy responsable. Una persona de armas tomar, fuerte como el roble y llena de vida. Una chica que con tan sólo 23 años le tocó la durísima tarea de luchar contra el cáncer... y de qué manera. Olé, Laura Moya!!! Una guerrera que se aferró a la vida y hoy la disfruta como pocos. Viviendo, literalmente, cada instante. Saboreando la vida en cada sorbo. Acabando su segunda carrera y con una sonrisa que no se le borra ni aún entre lágrimas. Ella luchó durante meses por la vida; luchó con uñas y dientes... y ganó... ¡y tanto que ganó!

Otra buena amiga de la infancia, Karla. Una chica muy inteligente, guapa, extrovertida, echada para adelante y muy divertida. Estudió dos carreras y no encontraba trabajo de lo suyo... una historia como muchas hoy en día en España. No estaba dispuesta a perder su tiempo y esfuerzo de tanto tiempo. Hizo sus maletas y se fue a Inglaterra. Al principio fue muy duro, como siempre, como toda emigración. Encontró trabajo pronto, pero obviamente no de lo suyo. Empezó de muy abajo, y poco a poco, con mucho sudor en la frente fue encontrando cosas mejores. Hoy lleva casi 3 años en Inglaterra y hace ya tiempo encontró un trabajo excelente. Está siendo bien remunerada y se siente satisfecha y feliz. Pero no es feliz "ahora", fue feliz en cada paso del camino porque iba recorriendo el sendero que le llevaba a su meta. Para no fue fácil, pero consiguió una más de sus metas y el esfuerzo valió la pena.

Marisa Cortés. Otra de esas personas que la vida te pone como un verdadero regalo. Esta mujer es una guerrera nata. Perdió a su madre con tan sólo 13 años, después de una dura batalla contra el cáncer; y 10 años después a su hermana, quien dejaba tres preciosos retoñitos que pasaron a ser como sus propios hijos. Casi 3 años más tarde trajo al mundo al primero de sus 3 hij@s. y 11 años más tarde se divorciaba. Con este panorama, más de uno habría visto el vaso medio vacío, pero ella luchó como no está escrito. Fue (y es) una leona que, con el paso del tiempo y mucho esfuerzo, fue  reconstruyendo su vida. Se volvió a enamorar, y tiene a su lado un marido maravilloso que la cuida y la trata como la reina que es; Que quiere a sus hijos como suyos y que lo da todo por ellos. Ella hoy es otra guerrera más que lucha conmigo de la mano - aunque en la distancia- con esta terrible enfermedad. Es una madre increible, una mujer estupenda y una amiga como pocas. Ha reconstruido su vida más de una vez, y está en ello de nuevo. Luchando por la vida y a la vez moviendo cielo y tierra para sacar a su familia adelante. Tu quieres, Marisa, y ahí radica tu fortaleza. Vamos a salir de ésta y, como siempre me dices, nos vamos a reir de nuestras historias de hoy tomando un café... como en las viejas épocas, amiga mía. 

No podría continuar sin antes mencionar a, para mí, la más grande de todas: mi madre. Si bien tuvo una infancia de ensueño, después de faltar su padre siendo ella una niña, le tocó lidiar con una adolescencia y juventud muy duras. Todo sería poco para medir su fortaleza. Con tan sólo 18 años empezaba la universidad y a la vez trabajaba como una campeona y reconstruía un hogar junto a mi abuela. Tal fue su lucha y su valor como mujer, estudiante y trabajadora que consiguió ser la primera mujer jefa de compras en el grupo DuPont en Argentina. Acabando la primera de sus dos carreras conoció al amor de su vida, quien diera luz y calor al resto de sus días: mi padre. Su gran esfuerzo tanto en lo personal como en lo profesional dieron como resultado inmensas satisfacciones. Llegar muy lejos en lo profesional y ser muy dichosa en lo personal. Si bien la vida la golpeó fuertemente más de una vez, ella se levantó las veces que hicieron falta y nos enseñó que lo último que se pierde es la esperanza; Que siempre hay que luchar, tener objetivos que cumplir, metas que alcanzar y sueños que realizar.


Como éstas, hay muchas historias... tantas como personas sobre la faz de la tierra. Todos "llevamos nuestra cruz", tenemos nuestras luchas, nuestras caidas y nuestros dramas personales. Es sólo cuestión de QUERER. De tener motivos para luchar y emprender el camino. Serán muchas, a veces, las piedras que se te presententen y te obstaculicen pero no por ello debes deternerte. Debes seguir y perseverar aún cuando sientas haber perdido las fuerzas... porque es entonces cuando más te conocerás, cuando te darás cuenta que lo que tu considerabas tu límite es tan sólo tu punto de partida. 

Cada vez que pienso en esto, recuerdo cuando mi hermano estaba en la academia militar y me contaba de sus anécdotas en el ejército. Cuando salían de maniobras varios días, volvía delgado, ojeroso, hambriento y agotado... pero era imposible borrarle esa sonrisa tan particular. Nos contaba con gran satisfacción cómo había llegado a verdaderos límites de agotamiento y cómo estas prácticas le habían enseñado que cuando creémos estar llegando a nuestro límite es cuando más y verdadera fuerza tenemos. Es como cuando entrenas: Llega un punto en el que sientes que no vas a poder más, que deberías parar.. pero te esfuerzas, sigues y pasas esa "barrera" y entonces te das cuenta de la energía que tienes y de lo mucho que puedes aguantar aún... te vigorizas.

En conclusión, y para no hacerme muy extensa: Somos mucho más de lo que pensamos y podemos mucho más de lo que nos imaginamos. Un músculo no se hace grande y vigoroso por obra y gracia del Espíritu Santo, sino porque entrenas duro y te alimentas apropiadamente. De la misma forma que la fortaleza no viene por sí sola, la forjas tu. La entrenas a diario con las pequeñas cosas y la pules en las grandes batallas. 

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

En el cáncer y en la vida: Convivir con la incertidumbre

La semana pasada te contaba muy resumidamente la experiencia como familiar y como enfermo de cáncer. Como he comentado más de una vez, una de las cosas con las que tienes que convivir durante todo el proceso esta enfermedad es la incertidumbre. Es uno de los factores fundamentales del miedo, la ansiedad, el nerviosismo y el stress que genera en pacientes, familiares y allegados. La información se facilita con cuentagotas y somos muchos los que requerimos más información de la que recibimos.

Hay todo tipo de pacientes. Yo tengo compañer@s de batalla que prefieren recibir la información mínima y necesaria, y seguir el tratamiento según los dictámenes del médico por cierta inercia y con fe ciega, cosa que admiro. Otr@s, curiosos, inquietos y preguntones como yo vamos averiguando por todos los medios posibles, preguntando diferentes opiniones e interrogando a nuestros médicos en cada consulta. Pero claro, la información facilitada es escasa, no por no querernos informar sino por cautela. Algo loable, inteligente y positivo para nosotros como pacientes y como familiares.

Somos únicos.

Cada cuerpo reacciona de manera diferente ante un mismo tratamiento. A esto hay que sumarle (dejando de lado el tipo de cáncer, estadio, etc) la situación personal de cada uno. Todo influye: tu alimentación, cómo afrontas la adversidad, tu situación personal, el apoyo que te rodea y de quién lo recibes, las carencias emocionales, económicas, físicas, etc. Todos ellos factores importantes que afectan el proceso de tu lucha por la vida

Dada la unicidad de cada uno de nosotros, no siempre podemos saber cómo va a reaccionar nuestro organismo, y por ende tampoco esta bendita enfermedad. Por ello, los médicos, como profesionales, no pueden aventarse a decir cosas de las que no tengan total seguridad. Arriesgarse a informarte del próximo paso, por ej, hasta no ver cómo evolucionamos... y aún así, las cosas pueden ir, y van, cambiando a lo largo del camino.

También es importante tener en cuenta que los psicooncólogos hacen mucho incapié en no dar información hasta que no sea decisión prácticamente irrevocable, puesto que nos crea inseguridades, temores y genera desconfianza. Es sabido que, si bien el tratamiento es pautado según protocolos establecidos, éste se va modificando y adaptando a cada persona según sus necesidades.

Aprender a vivir el día a día

Una de las cosas que nos repiten una y otra vez psicooncólogos, oncólogos y médicos generales es "vamos paso a paso". Es bucólico, romántico, vivir una vida improvisada día a día... e inteligente y necesario aprender a hacerlo en ciertos momentos de la vida... Éste es uno de ellos. Si bien tenemos una idea aproximada de cómo se desarrollará el tratamiento, tenemos que contar con que surjan contratiempos, cambios y que no disponemos de toda la información -aunque creamos que sí- pues nos iremos enterando de todo cuando vaya llegando el momento apropiado. Sabemos cómo y cuándo empezamos, pero no podemos tener una fecha predeterminada de culminación ni sabemos el estado exacto en el que estaremos en cada etapa, por lo que es fundamental aprender a vivir un día detrás de otro.

Como ya te he dicho en otra ocasión, puedes hacer planes a largo plazo, claro que sí... pero no te presiones, y antepón los plazos cortos... muy cortos. Ten objetivos generales, pero céntrate en aquellos puntuales que puedes ir realizando día a día, semana a semana. 

Aprender a controlar tu mente y no que ella te controle a ti

Para los ansiosos que queremos hacer mil cosas y saberlo todo, vivir "día a día" puede resultar todo un reto... pero si quieres, puedes. ¡Se consigue! Es, como en muchos otros aspectos, aprender a dominar la mente y no que ella te domine a ti. Este fin de semana una buena amiga me preguntó "¿Cómo haces? Tu me dices que no puedes permitirte pensar en esto o aquello... Muy bien, pero quiero saber ¿cómo lo haces?" Controlando tus pensamientos. Así cada vez que viene a tu mente un pensamiento negativo, es más inteligente reenfocarlo a uno positivo y dejar de lado aquel que te hace daño, que regodearte en ese que sólo te hace daño y no puede cambiar tu situación. Centrar tu atención en un nuevo pensamiento. Te pongo un ejemplo:

Dado el proceso que estoy pasando, me he quedado sin trabajo y, como es normal, a veces me persiguen pensamientos negativos como "¿Quién va a contratar una persona con mi aspecto actual y con prácticamente un año desligada del mundo laboral?", "Me costará mucho encontrar empleo", "¿Y si...?"... y así podría seguir un párrafo entero, pero vamos al grano: cuando estos pensamientos aparecen podría hacer dos cosas:
1- Darle mil vueltas al asunto y hundirme en la tristeza y la desesperación o,
2- Reenfocar mi pensamiento en algo positivo que bien puede ser buscar opciones alternativas de generarme ingresos o bien puede ser centrarme en otro tipo de pensamiento que no me genere stress. Algo que me guste, me relaje, me apasione... y si no lo consigo, entonces enfocar mi atención en algo que tenga que hacer y ocupar mi mente. 

Más de un@ estará pensando ahora mismo "que fácil decirlo... hacerlo es muy distinto. Yo no puedo". Pues, querid@ lector@, estás muy equivocad@... SÍ SE PUEDE. Tienes que proponértelo, informarte al respescto y reeducar tu mente para ser tú quien la controle y no al revés. No es fácil, nadie ha dicho que lo sea, pero el esfuerzo vale la pena.

Esto puede extrapolarse a la vida diaria de cualquier persona. Puedes aprender afrontar la adversidad y los malos pensamientos, redireccionándolos y reenfocando nuestra energía a cosas positivas. Esto nos hace más eficaces y eficientes ante las vicisitudes, más felices y más sanos física y emocionalmente, puesto que -aunque no lo creas - te ayuda enormemente a disminuir el stress (factor desencadenante de numerosas enfermedades).

Reflexión de hoy: 

Un conocido proverbio chino dice "Si un problema tiene solución, ¿para qué te preocupas?, y si no lo tiene ¿para qué te preocupas?"... Lo tenga o no, en lugar de centrarte en lo negativo, céntrate en lo positivo. Reenfoca tu energía. 

Para los que estamos pasando por este duro proceso: Es largo, sí, y duro, muchísimo, pero se sale adelante. Tenemos que luchar y dar lo mejor de nosotros. Que este trance nos sirva para ser mejor persona, vivir más felices y saber aprovechar cada momento y cada detalle de la vida. No todos tienen la fortuna y desgracia de haber pasado por una situación que les lleve de saber valorarlo, ¡aprovéchalo!

Dicho esto, me despido no sin antes darte las gracias por leerme. Recuerda que ahora también puedes seguirme en 

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

El cáncer como familiar y como paciente.

Hace unas semanas te hablé de la importancia de la aceptación, el primer paso y encendida de motores; Te hablé de cuidar primero de ti para así después poder cuidar de los demás; De reordenar y descartar todo aquello que desbalancée negativamente tu vida. Hoy quiero hablarte de cáncer y de las dos caras de una misma moneda: el familiar y el paciente. Para bien y para mal he sido (soy) las dos cosas.

Fui familiar por mi madre y con ella aprendí mucho. Hice todo lo que te recomiendan y lo que no. Desde buscar toda la información que consiguiese en Internet hasta pedir ayuda profesional. Si mi experiencia puede servir para que alguien que esté pasando por esto o algo similar lo lleve lo mejor posible, habrá valido la pena.

Como familiar y como enfermo se pasa por muchas etapas en poco tiempo, y a veces éstas se repiten. Es una montaña rusa de emociones durante el proceso. En mi caso te puedo contar que mi experiencia como familiar, en resumen, fue la siguiente: Al principio, después del shock de la noticia, entras en una fase de cierta angustia en la que tanto la falta de información como el exceso de la misma pueden ser tus tus enemigos. Dada la falta de información que se vive durante el proceso, sobre todo al principio, recurrimos a "San Google", revistas, prensa, libros, conocidos y conocidos de conocidos. No te digo que no busques información, pero sí -y con experiencia-  que no te satures de ella. Es importante que tus fuentes sean fidedignas y no te quedes con dudas. Si lo que averiguas, no satisface tu necesidad, pregunta... pero pregunta al oncólogo. Durante todo el proceso irás sabiendo poco a poco, paso a paso. 

Luego de varias subidas y bajadas, llega la aceptación y con ello se hace más fácil avanzar... si así lo deseas. Puedes echarte a morir o puedes luchar y apoyar a ese ser querido en todo lo que necesite. Vas a necesitar armarte de paciencia, fuerza y mucha voluntad. Un paciente de cáncer no es siempre la persona que tu conocías. Su personalidad se ve en cierta forma afectada, no sólo emocionalmente por lo que le ocurre y por  cómo cambia su vida, sino físicamente. Se siente disminuid@ tanto en su aspecto físico como en su energía, y la acumulación de químicos en el cuerpo afectan - y mucho - a su estado nervioso (además de los efectos secundarios conocidos, como náuseas, caída del cabello, etc). Es entonces cuando esa persona te necesita más que nunca. 

Son muchos los factores que le afectan,  pero también a ti. Con anterioridad hablé de que para cuidar de los demás primero debes cuidar de ti, pero entonces lo enfoqué como enfermo. Ahora tú, como familiar debes tener presente lo mismo. La vida del enfermo cambia, pero la tuya, como familiar, también cambia... y mucho. Si le acompañas al hospital vives muy de cerca todo el proceso , te ves más compenetrado y ves casos similares y peores a su alrededor. Él /ella necesitará de tus cuidados, y ello conlleva tiempo, esfuerzo y desgaste tanto físico como emocional. A eso hay que sumarle la preocupación constante en la que vives hasta que no recibes la noticia de que realmente está todo bien. Como familiar (y hoy te lo digo siendo la enferma) necesitas mantener, en la medida de lo posible, un poco de espacio para ti. Esto será doblemente beneficioso: tu estarás mejor y, por ende, podrás cuidar mejor. Intenta descansar, alimentarte bien, hacer algo de ejercicio -si puedes-  o desconectar de alguna manera... así sea salir a dar una vuelta 20-30 minutos cuando te sea posible. 

Ahora bien, como enferma el enfoque es otro. Cada persona es un mundo y todos reaccionamos de manera diferente, pero por las personas que conozco, y mi propia historia, te puedo decir que, sobre todo al principio, sufrimos más por los que nos rodean que por nosotros mismos. Después, con el paso de los días, es cuando realmente empezamos a enfocamos en todo lo que nos viene por delante. Y si hay algo que puedo decir con certeza, es que necesitamos más que nunca de las personas que amamos (aunque no siempre lo digamos o demostremos; incluso aunque nos mostremos distantes). Son nuestros motores de lucha, nuestro alimento y nuestro bastón. Estamos más sensibles, irritables... hasta insoportables, a veces. Nos azota otra montaña rusa de emociones constante. En un mismo día puedes sentirte muy mal y luego notoriamente mejor. Estar, aparentemente, muy bien y dos horas más tarde sumido en el miedo, depresión o desesperación... y quizás, después de un súper abrazo de oso, diez minutos más tarde estar planeando qué harás cuando acabes la quimio. 

Como paciente hay varias cosas importantes a tener en cuenta, según mi parecer:
1.-  "Querer es poder" y "mientras hay vida, hay esperanza". Por terrible que suene tener cáncer, tienes que buscar la inmensa fuerza, que seguramente desconocías, que hay en ti. Lucha a capa y espada por la vida, te queda mucha guerra por dar. 
2.- La ilusión será tu salvavidas, no la pierdas. Habrán momentos en los que lo veas todo gris, incluso negro, negro azabache!, pero tienes que mantener la ilusión.... y cuando la pierdas, ¡reinvéntala! Estoy segura que tienes muchos sueños por cumplir. Hay muchas cosas que antes ni te habrían pasado por la cabeza y hoy las puedes ver con otros ojos. La vida son dos días, y tienes que vivirlos no dejar que simplemente transcurran. 
3.- Fuerza de voluntad. Muchos carecemos de ella, pero es primordial - como en todo - para salir adelante. Se constante en tus cuidados: hidrátate y aliméntate bien, usa protector solar y crema hidratante a diario, sigue las indicaciones de tus médicos. Mantente activ@. No todos pueden trabajar, depende del tratamiento que recibas... pero no te apoltrones en el sofá. Haz cosas que te enriquezcan mente, cuerpo y alma. Cuando te sientas bien, sal a dar un paseo (intenta que sea a diario, o casi), lee algún libro, oye música, ve alguna película o serie (en mi opinión intenta evitar las cosas deprimentes y busca cualquier cosa que te aúpe el ánimo) 
4.-  Alimentación: soy reiterativa, sí, pero es importantísimo. Pregúntale a tu médico qué dieta debes seguir, pues si bien todos debemos seguir una que sea sana y balanceada, según el tipo de cáncer que tengas te convendrá una alimentación u otra. Infórmate bien sobre qué alimentos te convienen y cuales no. Un alimento que me atrevo a adelantarte que deberás reducir a su mínima expresión es el azúcar. Éste es el combustible con el que se alimentan nuestras células... y el cáncer!
5.- No te encierres. Apóyate en la gente que quieres y te quiere. No te enfoques en quienes tengan reacciones que te resulten decepcionantes. Déjate querer y cuidar, y te llevarás gratas sorpresas. Aprenderás, sin darte cuenta, quién es quién y qué lugar ocupa cada uno en tu vida. Es en estos momentos en los que conocerás más de todo quien te rodea. 
6.- Vive cada día. Es un proceso largo en el que la incertidumbre prima por muchas razones. Aprende a vivir con ella y a enfocarte en todo lo positivo en cada momento. Es lo que te dará siempre fuerzas y te mantendrá arriba. No hagas grandes planes para dentro de 5 años... o sí, pero céntrate en hoy. Vive hoy y después mañana.
7.- Nunca dejes de sonreír, aún cuando estés triste o mal. Dibuja siempre una sonrisa en tu rostro, primero para ti mism@... y después para los demás. 

Dicho esto, me voy a despedir esperando ver a familiares, enfermos y a ti enseñándome los dientes. Hay muchas formas de ponerse el pañuelo, pero SIEMPRE debe ser con una sonrisa.  La vida es bella y no la debes dejar pasar como el agua entre tus dedos. 

Hay muchas formas de ponerse el pañuelo, pero SIEMPRE debe ser con una sonrisa



Buenas tardes y gracias por leerme. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

El valor de las pequeñas cosas

Es increíble cuanto se puede decir en pocas palabras. A veces una frase dice más que un libro... y hoy quiero hablarte de ello. De pequeña mamá me regaló ese libro de bolsillo que compró a un vendedor ambulante "El valor de las pequeñas cosas", de Roque Schneider. Creo que en ése instante era imposible que dimensionase el valor que ése librito tendría para mi y como aún, más de dos décadas más tarde, lo conservo en mi mesita de noche. 

Con él no sólo aprendí y reapdrendí una y otra vez el valor de las pequeñas cosas de la vida, y su importancia, sino que también di un valor incalculable al título. Así como la semana pasada te hablé de la importancia de reordenar y descartar de tu vida todo aquello que ponga en negativo tu balanza,  hoy pretendo reflexionar sobre el valor de los pequeños detalles. Mi padre siempre me dice "a la gente se la conoce por los detalles"... y tiene toda la razón. Scheider dice " Aprende a escuchar la voz de las pequeñas cosas, de los acontecimientos. Verás como todo habla, todo se comunica contigo", cosa que comparto y mucho con él. Todo lo que nos rodea nos habla, nos dice algo... sólo que no siempre sabemos verlo. 

Aprender a escuchar la voz de las pequeñas cosas va desde aprender a reconocer el fondo de una persona, hasta entender si una situación se da o no. A escuchar a nuestro cuerpo, que más de una vez nos grita a voces mudas que estamos cometiendo excesos, que algo va mal (o bien), o que tenemos carencias. Hacer caso a los reclamos del alma, que muchas veces nos dicen si vamos por el camino equivocado o no. 

Siempre he oído y leído que cuando alguien enferma, se vuelve más sensible, empático (esto también se debe a las neuronas espejo o neuronas de la empatía. Tema muy interesante, por cierto). Muchos dicen que les cambia la vida y empiezan a verla de manera diferente... y es verdad! Pasa a muchos. Yo por suerte y desgracia tuve una madre que desde mi infancia sufrió problemas de salud, que venció una y mil veces a la muerte y le dijo a la cara "aún no". Ella fue quien, desde que tengo uso de razón, me enseñó a amar como si no hubiese un día más, a disfrutar del sol, de la lluvia, de un silencio, una sonrisa o una taza de té. No puedo estarle más agradecida. Fue la fuerza, el amor y la lucha personificada. Nos enseñó a compartir y respetar en la abundancia, a sonreír y tener ilusiones en la pobreza,  a luchar por nuestros sueños y nunca, bajo ningún concepto, perder la esperanza. Gracias a ella hoy vivo mi enfermedad como un bache. Una nueva oportunidad de renacer y ser mejor persona. Ver en qué he estado fallando y mejorarlo. Reenfocar mi vida, mis sueños y qué caminos quiero y voy a recorrer. 

No todos tienen la inmesa fortuna de tener alguien así, pero ese alguien puedes ser tu. Para ti mismo y para los demás. Es, creo, uno de los mejores legados que puedes dejar. Pero más allá de tu legado, es tu vida, tu hoy. Cada día, cada instante, es un aprendizaje y una oportunidad de ser feliz. no la desaproveches.  El tiempo es un recurso irrecuperable. Somos un reloj de arena que no puedes dar la vuelta para volver a empezar... No al menos en esta vida, que es la que conocemos. Pero sí puedes aprender de tus errores, reinventarte y no desperdiciar el resto de granitos de arena que te quedan. 

Las respuestas las tenemos, muchas veces, delante de nosotros y no sabemos o no queremos verlas. Un silencio, un gesto, una mirada dicen más que mil palabras. Hay quien te llenará de promesas que quedarán en nada cuando llegue la hora de la verdad, pero también quien nunca dijo nada y está ahí para ser tu apoyo, tu bastón. Con anterioridad he hablado de estas "sorpresas" que nos da la vida... y lo son, muchas veces, porque no sabemos ver ni escuchar. O sí sabemos, pero no queremos aceptar la realidad que la vida nos pone delante. 

Hoy, para terminar, quiero decirte que hagas de cada momento una vida, y de la vida un único momento. Los mejores perfumes vienen en frasco pequeño, así como las grandes amistades se prueban en los pequeños gestos. Muchos se buscan a sí mismos en las amistades que cultivan, así como Narciso buscaba reflejarse en las aguas de la vanidad. Nadie es insustituible, pero todos somos útiles y necesarios. Ya por último, recuerda: Si quieres elevar el mundo. Empieza en casa, elevándote a ti mismo. 

Que tengas un bien día, y gracias por leerme.








martes, 28 de octubre de 2014

Reordena y descarta

Cada ser humano es un mundo, eso está claro, pero creo que hay premisas fundamentales que nos sirven de común denominador a todos: Querernos, cuidarnos, darnos nuestro lugar, buscar la felicidad. En mi humilde experiencia, he encontrado ciertos fallos comunes a muchos de nosotros y hoy quiero hablarte de uno de ellos: Buscamos la felicidad en el lugar y persona equivocada...

Sí, así es. Para empezar hay un concepto que debemos tener muy claro: la felicidad está en ti... en nadie más y en ningún otro sitio. Puedes darle la vuelta al mundo, conocer a un millón de personas,  tocarte la lotería, enamorarte 20 veces y aún así no ser feliz ni un momento. Está en TI, porque eres TU quien decide serlo en lugar y momento. ante cualquier situación, circunstancia y detonante. Otra de las grandes cosas que aprendí de la gigante de mi madre es a disfrutar cada instante del gran valor de las pequeñas cosas: el sabor de un café,  sentir la brisa en el rostro, una buena compañía, una sonrisa, una caricia, una llamada... un silencio. No tiene precio aprender a disfrutar de verdad de esos pequeños grandes instantes, que son los sumandos que totalizan en tu felicidad. 

Cada uno de nosotros tenemos nuestra escala de valores, todas ellas respetables, nuestro orden de prioridades. La cuestión está en que nos satisfaga y nos sintamos bien cada día con aquello que hacemos, las decisiones que tomamos y cómo vivimos. Desde pequeña mi padre siempre me decía "Cada día, cuando vayas a la cama, consulta con tu almohada; haz un balance de tu día: qué has hecho hoy, qué has aprendido... Intenta que ésta cada día, o la mayoría de veces, sea positiva"

Hay quien rodeado de gente está solo, y quien estando "sólo", realmente vive acompañado.  Así como para cuidar de los demás, primero debes cuidar de ti. Creo que primero deberíamos aprender a valorar nuestra soledad (y disfrutar de ella), nuestro tiempo, nuestro yo en su conjunto para así después saber valorar y cuidar el de los demás, y sobre todo de aquellos que nos importan. Creo que cuando alguien aprende a disfrutar de sí mismo y en su propia compañía, no sólo se siente mejor consigo mismo, sino que disfruta más de la compañía de demás... y creo que una de las razones es porque estar acompañado, para este tipo de personas, es una elección y no una necesidad. 

Descarta de tu vida todo aquel/aquello que te hace daño, que no te aporta nada  positivo o que en resumen no es un sumando a tu vida. Cuando estás en la cresta de la ola, eres querido y deseado por todos... cuando no es así, cuando estás en la sima (que no cima!, recalco la diferencia) descubres quién es quién y qué lugar ocupa cada uno en tu vida... en todos los sentidos. Te llevarás muchas decepciones, nos ha pasado a todos, pero también te llevarás grandes sorpresas... la vida, más de una vez, te tiene deparadas cosas que no podrías imaginar, y muchas veces esos momentos terribles desencadenan en algo muy bueno que no habrías siquiera imaginado. 

Muchas veces puedes llevarte decepciones no porque quien esté frente a ti no sea bueno, sino porque no lo tienes en el lugar o posición correcta en tu vida. Cada persona que entra en nuestras vidas tiene una "función" que tarde o temprano descubriremos. Todos, el que más y el que menos, dejan una pequeña (o gran) huella, una enseñanza, una anécdota.... Son estas las cosas que debemos atesorar, y no lo negativo... que a fin de cuentas son sustraendos.. Lo que sí debemos conservar de estos "sustraendos" son los aprendizajes que nos dejan. Cometer un error una vez, está permitido; dos veces es de tontos y ser repetitivos es no aprender y caminar en círculos. 

Mi conclusión de hoy es: Aprende a conocerte, quererte, disfrutar de ti mism@; Descarta de tu vida todo aquello que ponga en negativo la balanza de tu vida. No sufras por lo que no puedes cambiar. Aprende a colocar a cada uno en el lugar que le corresponde. y, por último, recuerda que tu y sólo tu eres dueño de tu vida y tu felicidad.

Buenas tardes y gracias por leerme.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Para cuidar a los demás, primero cuida de ti.


En esta ocasión quiero hablar de lo importante que es cuidar de ti. Cuando estamos mal por el motivo que sea: depresión, una enfermedad, etc, nuestra primera reacción -obviamente- es querer (o aparentar) estar bien. Tendemos a querer cuidar de nuestra imagen ante los seres que nos importan, para no verles sufrir por nosotros (o incluso para no mostrar vulnerabilidad). En mi humilde experiencia, he visto un error muy recurrente: queriendo preocuparnos por los demás, nos olvidamos muchas veces de nosotros mismos. Lo que es un grave error ya que, al menos en estos casos y en mi humilde opinión, el orden de los factores altera el producto. 

Para cuidar de los demás (o simplemente de tu imagen), primero debes cuidar de ti. Esto suena tonto y redundante, pero no lo es. Si te preocupas por emanar una cierta imagen que no viene trabajada desde dentro, no estarías solucionando nada sino que estarías simplemente reflejando un espejismo, lo que a la larga agravaría la complejidad de la situación. Si armas un castillo de naipes, tarde o temprano acabará cayendo y los daños serán peores.... para tí, para los que te rodean e incluso para esa imagen que quieres preservar. Si consigues verte bien, sentirte bien contigo mism@, los demás te verán bien, en pie y luchando. Si realmente te preocupan las personas que quieres, empieza por quererte, cuidarte y mejorarte. Ellos estarán mejor que si te ven haciendo lo mejor que esté en ti para salir adelante, sea la situación que sea,  y no hundid@, abandonad@, descuidad@. 

Una de las tantísimas cosas valiosas que aprendí de mi madre, y que admiré siempre, fue su coquetería. Daba igual lo mal que se sintiera, lo que fuese a hacer o dónde estuviese, ella siempre estaba arreglada. Nunca le faltaba un peine, un labial y un perfume en el bolso. Siempre iba conjuntada, aunque fuese para limpiar la casa, y siempre me decía: "Laurita, en casa no hay que estar en pijama. Levántate, vístete y actívate". Puedes estar más o menos arreglada, pero no descuidada y con tus "trapos viejos". Sin darme cuenta, crecí con esa filosofía y de mayor me di cuenta que cuanto más triste, decaída o molesta estaba, más me arreglaba ( no me pongo un vestido de noche, aclaro, pero sí me esmo más en el maquillaje, en conjuntarme o en ponerme mi perfume favorito). Esto también, en mi caso,  es mi forma de darle batalla a ese malestar físico o emocional. Cada uno tiene si manera, ésta es una de las mías... Ya sabes, "al mal tiempo, buena cara".

En la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) conocí una chica joven como yo, que es madre de dos hijos pequeños. Está empezando su tratamiento y, como es normal, todo le afecta más. Ese duro golpe de ver al espejo (o hasta en el cristal de la ventana) y no reconocerte... pero, como hablaba con ella, hay que ser fuerte y no dejarte vencer. Es duro, sobre todo al principio, pero aunque te sientas mal como para no poder salir a la calle, te pones guapa para estar en casa. Puedes estar guapa hasta en chándal, si quieres. Combínate, maquíllate; haz todo aquello que te haga sentir mejor. Que cada vez te moleste menos ver ese reflejo. En nuestro caso, la falta de cabello, cejas, pestañas y ese color de la piel amarillento nos hace sentir aún más enfermas. De ahí que nos recalquen tanto poner atención a estos detalles. Parece una tontería, pero no lo es. Si lo haces, no sólo te estarás ayudando a ti misma, sino a quienes te rodean. No sólo te ven sufrir, sino que te ven desmejorada y esto también les afecta.

Pero ésto no es sólo cuando tienes cáncer o estás mal por cualquier otra enfermedad. Cuando tienes fiebre, si quieres que baje tomas un paracetamol, te pones paños de agua fría en la cabeza para aliviar el dolor o hasta te das duchas de agua fría/fresca, no?... pues lo mismo pasa con el alma. Cuando no estás bien tienes que buscar aquello que pueda ser tu "medicina" o ése pañito de agua fría en la frente. Nadie mejor que tu puede conocerla. Pero incluso poniendo lo mejor de tu parte, ese parecetamol no ayuda del todo y los pañitos no calman tu malestar... es entonces cuando vas al hospital... y lo mismo ocurre en ámbito emocional. Eres un ser humano, y todos tenemos nuestras limitaciones. Aceptar que te ves sobrepasado por una situación, no es sinónimo de ser débil o incapaz, sino todo lo contrario. Como dije días atrás, aceptar es el primer paso y tu encendida de motores. Hay quien no estará de acuerdo conmigo, quien sigue pensando que recurrir a ayuda profesional es sinónimo de estar loco... pero en mi opinión no es así. Es más bien sinónimo de fortaleza, entereza y ganas de recuperarte, estar bien... y, créeme, no todos tienen la "valentía" de hacerlo y trabajar duro para conseguirlo.

Mi conclusión de hoy es: la mejor demostración de amor que puedes dar a quienes sufren por verte mal (sea por el motivo que sea), es luchando. Dios dice: "ayúdate, que yo te ayudaré". Salir adelante no siempre es fácil, pero nunca imposible. Acepta, enciende motores y pon la primera marcha... Si caemos mil veces, nos levantamos mil y una.

Ánimo, fuerza y fe!

Buenas tardes y gracias por leerme. 


miércoles, 15 de octubre de 2014

La aceptación.

Hace ya casi 3-4 días que buscaba un rato para escribir. Es increíble, pero aún estando de baja sigo siendo un terremoto. No paro hasta que el cuerpo me dice “bate´ria baja” en rojo, negritas y subrayado. Hoy quiero hablar del paso que muchas veces, a mi parecer, es el más difícil de dar.

En la vida siempre se nos presentarán adversidades de mayor o menor envergadura. Puede ser la pérdida de un ser querido, de un empleo, una relación enviciada o una enfermedad. Sea cual sea, el paso fundamental para avanzar es la aceptación. Puedes intentar esquivarlo como se esquivan las balas en The Matrix, rehuirle, ignorarlo... pero hasta que no lo aceptes,no podrás afrontarlo. Si no lo afrontas, no lo resuelves y no avanzas. Te estancas en una espiral o círculo vicioso. Digamos que aceptar es comparable a la encendida de motores. Si no Enciendes el motor, no podrás mover el coche.

Todo tiene su proceso y cada uno necesita su tiempo, pero no se puede luchar contra un enemigo que no admites tener. En el caso que me ataña, hablar de cáncer siempre da miedo...y mucho, pero como bien sabes, está en cada uno de nosotros afrontarlo de una manera u otra. Yo debo reconocer que contaba con ventaja porque, desgraciadamente, tenía algo de experiencia con el proceso a seguir y parte de sus consecuencias al corto y mediano plazo tanto para mi como para la gente que me rodea.

 La incertidumbre, en mi opinión, es uno de los principales desencadenantes del miedo. Tememos a lo desconocido, al sufrimiento, a las secuelas... y, además, tendemos a atesorar las historias terribles que hemos oído y visto en noticias y películas dramáticas. Pero también las hay con final feliz, y aunque no las hubieres oído, tu podrías ser esa primera buena historia... siempre y cuando quieras serlo. Mira el caso de Teresa, la auxiliar de enfermería infectada de Ébola. Dejando completamente de lado opiniones políticas o críticas sobre el tema, la chica está luchando como una campeona. Si bien es cierto que está recibiendo todo lo mejor que se le puede dar y la están cuidando al máximo, ella desde el principio dijo "yo voy a salir de esta, tengo que salir de esta" y está luchando por ello, aferrándose a la vida con uñas y dientes. 

La tecnología ha avanzado muchísimo, al igual que la medicina lo hace día tras día. El tratamiento -para el cáncer- es duro, claro que si. Y llegan momentos en que te flaquean las fuerzas y lo ves todo gris y cuesta arriba... pero tienes que ser fuerte y positivo. Desmitificar y desdramatizar la enfermedad, y luchar por la vida.

Hace unas semanas, en la AECC, conocí a una señora rebosante de energía. Me contó que fue al médico porque llevaba tiempo, según ella pensaba, con un "desgarre muscular " que no le daban curado, pero resultó ser cáncer de pulmón con metástasis. Entonces le dieron un 50% de probabilidades, y la mujer lleva dos años y contando! La frase que más me gustó de ella fue "¿tu sabes lo que hago yo con un 50%?... vamos, eso es una barbaridad!!" 

Antes he dicho desdramatizar, si, y es muy importante. No sólo ante esta u otras enfermedades aún peores, sino ante todo lo que nos acontezca. No es el fin del mundo. Mientras hay vida, hay esperanza... SIEMPRE. Y lo último que tienes que hacer ante cualquier adversidad es rendirte. Como dice mi padre "la realidad no la puedes cambiar, pero puedes - y tienes- que adaptarte a ella."

Podría seguir contándote historias, pero no quiero hacerme eterna. Quiero sólo dejarte una última reflexión: Puedes tener todas las oportunidades del mundo, pero si no tienes una actitud positiva y no luchas por lo que quieres, no llegarás a ninguna parte... o al menos, no a nada positivo. 

Buenas noches y gracias por leerme. 



sábado, 11 de octubre de 2014

¡Bienvenid@ a mi blog!

 Nos pasamos la vida viendo hacia el mañana, esperando un futuro mejor y, muchos, luchando por él… otros, esperando que éste llegue. No sabemos las vueltas que da la vida, ni qué pueda pasar dentro de cinco minutos… quizás no sea nada trascendental, pero – créeme -  las cosas más trascendentales muchas veces pasan dentro de esos cinco minutos que nunca esperabas.

La vida puede darte un vuelco en un minuto, y cambiarlo todo para siempre. Pero está en nosotros hacer que ese para siempre sea para mejor. Las malas noticias, las heridas, el dolor, son – la mayoría de las veces – las que nos hacen crecer, ser más fuertes si así lo deseamos.

Hace 4 meses mi vida dio un vuelco que no podría siquiera imaginar ni en mis peores pesadillas y podría haberlo tomado muy mal, sentirme castigada por la vida… pero eso habría sido un grave error, pues está siendo un momento “especial” en el más amplio sentido de la palabra y toda una oportunidad de cambio, de reinventarme y sacar mi mejor cara, lo mejor de mí y de quienes me rodean.

La vida es lo que cada uno de nosotros quiere que sea, por lo que tanto los buenos como los malos momentos son siempre oportunidades de éxito, mejora, recapacitación, reordenación… pero está en ti enfocarlo de esa forma y hacer todo lo que puedas para que así sea.

El pasado mes de Julio cumplí 30 años y pasé el día de mi cumpleaños recibiendo mi primera sesión de quimioterapia. Tengo cáncer mama y me fue diagnosticado un mes después de que mi madre partiera por la misma enfermedad. Podría decir que es terrible, porque lo es, pero a su vez te puedo asegurar que, como he dicho antes, es una posibilidad que me está dando la vida para reinventarme y sacar las fuerzas de donde pensé que ya no quedaban. El ser humano es increíble, y aún bastante ignorante de la gran fuerza de su mente.

Me he decido por fin a abrir mi blog no sólo para contarte mi experiencia, sino para demostrarte que si tu quieres, puedes… ¡siempre!