miércoles, 4 de mayo de 2016

La cadena de favores

A menudo nos quejamos de lo podrido que está el mundo, lo mal que están las cosas, lo egoísta que se está volviendo el mundo... pero, ¿por qué en lugar de quejarnos no hacemos algo por cambiarlo? Empecemos por nosotros mismos, por cosas sencillas. Saludar, respetar, colaborar, no hacer a los demás lo que no te gustaría que hicieran contigo o los tuyos. 

¿Has oído hablar alguna vez de la película "Cadena de Favores"? Seguro que sí. Un precioso film en el que cuando un profesor de escuela pide a sus alumnos que desarrollen el proyecto de pensar en una idea para cambiar el mundo, y hacerlo, uno de los niños tiene una idea prodigiosa basada -sin saberlo- en el altruismo. Emprende un proyecto que con pequeños gestos podría cambiar un poco, al menos, el mundo que le rodea. 

Su proyecto es ambicioso, pero a la vez indiscutiblemente realista y funcional. Los grandes cambios empiezan por pequeñas acciones. En todo lo que hagas, todo empieza por pequeñas decisiones. En su caso, la cadena empieza por él mismo, con un gesto noble y que podemos llevar a cabo todos. Decide ayudar a 3 personas de manera desinteresada. A cambio, cada uno de ellos debe "devolver" el favor ayudando a otras 3 personas, y así sucesivamente.

En 2013 Edgar Pons e Iván Caballero tuvieron la idea de crear The Social Coin, una web que buscaba promover acciones desinteresadas, que además permitiera ver a los protagonistas el efecto de su ayuda. Todo empezó con la creación de una moneda simbólica (biodegradable, por cierto), que con el tiempo - y para facilitar el proceso - dejó de ser utilizada, que pasaría de mano a medida que se fuesen realizando los favores. Al cabo de un año habían conseguido más de 150.000 acciones desinteresadas en más de 100 países distintos. 

Ellos empezaron con un proyecto también bastante ambicioso, "cambiar el mundo", pero lo que es realmente destacable es que confirmamos una vez más que ése cambio a gran escala tiene sus inicios en las pequeñas acciones de todos los días. En la familia de una muy buena amiga, hace unos meses impusieron una nueva "tradición", y es que todos los días 13 de cada mes elaboran un plato (pizza, bocadillos, etc) y salen a repartirlo a los sin techo que encuentren en la ciudad. Uno de ellos, el día que me contó su nueva tradición, incluso había estado planchando ropa vieja que llevaba encima para entregarla a quien le hiciera falta. Sin duda, un acto sencillo y hermoso. 

Como ves, no hace falta que dones la mitad de tu sueldo a ONG's (pero si quieres y puedes hacerlo... ¡genial! En cuyo caso, me permitiría sugerirte que lo hicieses con cabeza y antes te informases bien), sólo hace falta que actúes de manera realmente altruista en pequeñas cosas del día a día. Gestos simples como ayudar a alguien a subir su maleta por las escaleras, dejar pasar pasar en la cola del supermercado esa persona que ves tan apremiada, darle tu bocadillo (o la mitad) a un sin techo, donar esa ropa que ya no usas, en lugar de tirarla. Son detalles, pero detalles que le cambian el día a la(s) persona(s) que ayudas.

Cuando actúas de manera altruista, quiere decir que no buscas obtener beneficio propio... pero ¿sabes por qué? Porque, en mi opinión, el mayor beneficio lo obtienes con el simple hecho de hacer lo que estás haciendo. Ayudar a otros te reporta bienestar, te hace sentir bien contigo mismo, en armonía... En simbiosis con el mundo.

Son muchas las cosas que puedes hacer. No hace falta que hagas la maleta y te vayas al otro lado del mundo. Claro que puedes hacerlo, es hermoso a la par de loable. Pero antes, empieza por ti mism@. En casa, con los tuyos, en tu trabajo, tu ciudad, tu país... Verás el inmenso bien que puedes procurar con actos sencillos. 

Te dejo un vídeo que invita a la reflexión, ¿qué recibes cuando das?



No hay comentarios:

Publicar un comentario