lunes, 9 de mayo de 2016

Teoría de los 6 grados de separación

¿No te has sorprendido alguna vez descubriendo que dos personas que conoces de situaciones y lugares muy distintos, incluso continentes diferentes, se conocen entre si? No sé si hayas oído hablar de La Teoría de los Seis Grados de Separación.  Yo supe de su existencia hace unos 7 u 8 años, si no recuerdo mal.

Soy venezolano-española y desde hace más de una década resido en España. Los últimos decenios, remontándonos al menos a la Segunda Guerra Mundial, dieron para mucho. Los constantes, y cada vez más veloces, cambios del mundo en el que vivimos han hecho que cada vez se nos haga más "pequeño"... El hecho es que no recuerdo bien cómo llegué a conocer la teoría en cuestión, pero me resultó -cuanto menos- interesante. 

Ésta afirma que cualquier persona del planeta está conectada con cualquier otra persona, a través de una cadena de 6 conocidos o eslabones. Es decir, que -según ella- cada uno de nosotros estamos a 6 niveles, o intermediarios, de conocer a cualquier persona del planeta. 

Frigyes Karinthy en 1929, escribió un breve relato, "Chains" (cadenas), en el que por primera vez se hacía la propuesta de la hipótesis que nos ocupa. Más adelante, en los años 50, investigadores de MIT e IBM intentaron demostrarla matemáticamente, por probabilidades, sin conseguir soluciones satisfactorias en 20 años

En 1967, el psicólogo Stanley Milgram, llevó a cabo un estudió que bautizó como  "El fenómeno del mundo pequeño" (The small-world experiment). Su experimento consistió  en seleccionar varias personas al azar, del oeste medio de Estados Unidos, para enviar postales a un desconocido de Massachusetts (a miles de kilómetros). Estas personas sólo sabían el nombre del destinatario, localización aproximada y ocupación. Tenían que entregar personalmente una postal a una persona, de entre sus conocidos, que creyesen que podría estar relacionado de alguna manera con el destinatario final. Estas personas, a su vez, debían hacer lo mismo, y así sucesivamente hasta entregar el paquete al desconocido en cuestión. 

Bien, siendo ésta su tarea lo normal sería pensar que haría falta un número considerable de eslabones para cumplir el objetivo, pero según los resultados del estudio sólo hicieron falta una media de entre 5 y 7 individuos. Resultados que fueron publicados en la conocida revista Psychology Today , pero criticados por ciertos sesgos en el análisis de los datos. Pues éstos se basaban - según tengo entendido- sólo en el número de paquetes entregados a su destinatario final, que fue aproximadamente un tercio de las postales enviadas. 

En 2011 Facebook llevó a cabo un estudio llamado "Anatomy of Facebook" con el total de usuarios del que disponía entonces (721.000.000 de miembros), que representaba un 10% de la población mundial. Su estudio consistió en el análisis de los amigos en común para obtener el promedio de eslabones necesarios para conectar a una persona con otra cualquiera. Como resultado, en el 99,6% de los casos, estuvieron conectados por 5 grados de separación, dando como resultado final aproximado una media de 4,75 eslabones. 

Como ves, no hay nada imposible en este mundo... ¡he dejado prueba de ello! Querer es poder, incluso para conocer a la persona más insólita. Pero dejando de lado estudios que demuestren que "el mundo es un pañuelo", esto es aplicable a todos los aspectos de tu vida. Puedes llegar donde quieras, los límites los pones

En 2013 Michiel Das (un belga radicado en Barcelona, dedicado al mundo del marketing) llevaba meses sin trabajo, y tuvo la brillante idea de probar la teoría para combatir la crisis y encontrar empleo de nuevo. Decidió entregar una tarjeta de visita a 3 de sus contactos. Éstos, a su vez, debían entregarla a otra persona y así hasta llegar a alguien buscase algún especialista en su área de trabajo. ¿El resultado? Sus tarjetas se entregaron a 16 personas distintas, en Barcelona y resto de España, recibió 11 ofertas de trabajo, y participó -en su momento- en 4 procesos de selección distintos que le llevaron a conseguir empleo en SEAT. Puedes ver su historia en "El viaje de mi tarjeta", la web que creó en agradecimiento a sus "eslabones" y en la que fue narrando la historia. 

¿Te atreves a probar?







miércoles, 4 de mayo de 2016

La cadena de favores

A menudo nos quejamos de lo podrido que está el mundo, lo mal que están las cosas, lo egoísta que se está volviendo el mundo... pero, ¿por qué en lugar de quejarnos no hacemos algo por cambiarlo? Empecemos por nosotros mismos, por cosas sencillas. Saludar, respetar, colaborar, no hacer a los demás lo que no te gustaría que hicieran contigo o los tuyos. 

¿Has oído hablar alguna vez de la película "Cadena de Favores"? Seguro que sí. Un precioso film en el que cuando un profesor de escuela pide a sus alumnos que desarrollen el proyecto de pensar en una idea para cambiar el mundo, y hacerlo, uno de los niños tiene una idea prodigiosa basada -sin saberlo- en el altruismo. Emprende un proyecto que con pequeños gestos podría cambiar un poco, al menos, el mundo que le rodea. 

Su proyecto es ambicioso, pero a la vez indiscutiblemente realista y funcional. Los grandes cambios empiezan por pequeñas acciones. En todo lo que hagas, todo empieza por pequeñas decisiones. En su caso, la cadena empieza por él mismo, con un gesto noble y que podemos llevar a cabo todos. Decide ayudar a 3 personas de manera desinteresada. A cambio, cada uno de ellos debe "devolver" el favor ayudando a otras 3 personas, y así sucesivamente.

En 2013 Edgar Pons e Iván Caballero tuvieron la idea de crear The Social Coin, una web que buscaba promover acciones desinteresadas, que además permitiera ver a los protagonistas el efecto de su ayuda. Todo empezó con la creación de una moneda simbólica (biodegradable, por cierto), que con el tiempo - y para facilitar el proceso - dejó de ser utilizada, que pasaría de mano a medida que se fuesen realizando los favores. Al cabo de un año habían conseguido más de 150.000 acciones desinteresadas en más de 100 países distintos. 

Ellos empezaron con un proyecto también bastante ambicioso, "cambiar el mundo", pero lo que es realmente destacable es que confirmamos una vez más que ése cambio a gran escala tiene sus inicios en las pequeñas acciones de todos los días. En la familia de una muy buena amiga, hace unos meses impusieron una nueva "tradición", y es que todos los días 13 de cada mes elaboran un plato (pizza, bocadillos, etc) y salen a repartirlo a los sin techo que encuentren en la ciudad. Uno de ellos, el día que me contó su nueva tradición, incluso había estado planchando ropa vieja que llevaba encima para entregarla a quien le hiciera falta. Sin duda, un acto sencillo y hermoso. 

Como ves, no hace falta que dones la mitad de tu sueldo a ONG's (pero si quieres y puedes hacerlo... ¡genial! En cuyo caso, me permitiría sugerirte que lo hicieses con cabeza y antes te informases bien), sólo hace falta que actúes de manera realmente altruista en pequeñas cosas del día a día. Gestos simples como ayudar a alguien a subir su maleta por las escaleras, dejar pasar pasar en la cola del supermercado esa persona que ves tan apremiada, darle tu bocadillo (o la mitad) a un sin techo, donar esa ropa que ya no usas, en lugar de tirarla. Son detalles, pero detalles que le cambian el día a la(s) persona(s) que ayudas.

Cuando actúas de manera altruista, quiere decir que no buscas obtener beneficio propio... pero ¿sabes por qué? Porque, en mi opinión, el mayor beneficio lo obtienes con el simple hecho de hacer lo que estás haciendo. Ayudar a otros te reporta bienestar, te hace sentir bien contigo mismo, en armonía... En simbiosis con el mundo.

Son muchas las cosas que puedes hacer. No hace falta que hagas la maleta y te vayas al otro lado del mundo. Claro que puedes hacerlo, es hermoso a la par de loable. Pero antes, empieza por ti mism@. En casa, con los tuyos, en tu trabajo, tu ciudad, tu país... Verás el inmenso bien que puedes procurar con actos sencillos. 

Te dejo un vídeo que invita a la reflexión, ¿qué recibes cuando das?



lunes, 2 de mayo de 2016

El poder del silencio

Dicen que un silencio dice más que mil palabras, que el que calla, otorga, que en boca cerrada no entran moscas... y, en cierta forma, así es. En un silencio puedes encontrar la respuesta a esa pregunta difícil de formular, hallar el calor de una cercanía que con palabras no se puede alcanzar... o quemarte con el frío de un témpano de hielo. 

Puede ser tremendamente revelador o misterioso. Puede abrir las puertas al sol o sumirte en la oscuridad de una incertidumbre dolorosa y desconcertante. Puede esconder la más cruel o piadosa de las mentiras, o descubrir el más hermoso u oscuro secreto a voces mudas. 

Puede ahorrar, y ahorrarte, más de un problema; Dejar espacio a la imaginación, el ingenio y hasta el ensueño. Puedes convertirlo en un momento mágico, interesante, salvador o destructivo. Todo depende de cómo se mire, del prisma que le des, de la percepción del receptor y la energía del emisor... de las circunstancias...

Existen cientos de refranes populares y proverbios que hablan de su magnitud, belleza y peligro. Uno de esos proverbios, árabe por cierto, cita "Cuando lo que vayas a decir no sea más hermoso que el silencio, no lo digas".  A veces es mejor pensar 2 veces antes de romper el silencio con algo que luego te convierta en esclavo de tus palabras. Se dice que las palabras se las lleva el viento... pero algunas quedan tatuadas en el alma. 

Creo que es un arte. De hecho, considero una lección difícil de aprender el encontrar el equilibrio entre el silencio y la palabra... Incluso puede que nos lleve toda la vida. No sé si será porque sufra de "verborrea", pero creo que cuesta tiempo y esfuerzo conseguir ponerlo realmente en práctica. Así como creo que cuando aprendemos a escucharnos y escuchar nuestros silencios y los de los demás, damos un paso enorme que no todos están en disposición de dar.

Cuando aprendemos a escucharlos, aprendemos a ser un poco menos ególatras. El silencio puede ser muchas cosas: un arma de defensa, un escudo protector, una declaración de amor, un acto de respeto... Cuando dejamos de ver sólo con nuestra perspectiva,  inmersos sólo en nuestras circunstancias y sentimientos, entonces empezamos a intentar mirar en los ojos del que está en frente. Intentamos ponernos en su piel, oír lo que no dice con palabras, respetar su espacio, sus tiempos, sus intenciones...

"Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos" Porque no escuchemos lo que queremos oír, no quiere decir que no nos estén diciendo algo. Para poder "oir" lo que las bocas callan, tenemos que tener el resto de sentidos bien abiertos y dispuestos a percibir las señales que nos son enviadas.

"Un gesto dice más que mil palabras" El cuerpo habla, habla más de lo que pensamos e incluso más de lo que nos gustaría. Fíjate primero en ti mism@, en lo que dice tu cuerpo, porque a veces él exterioriza esas cosas de las que quizás aún ni siquiera eres consciente. Y como te pasa a ti, le pasa el resto. Fíjate en las señas que emanamos. Son muchas, y lo hacemos constantemente. El movimiento de los ojos, de las manos, los brazos, los pies, la postura... todo habla. 

Los hechos hablan por sí solos, aunque a veces los actos se contradigan con las palabras. Observa, escucha, siente... empápate de las señales que recibes para poder intentar entender esos silencios que hablan tanto. Y aunque no te guste, te moleste e incluso te duela...Respétalos. 

Puede que algo no sea como esperabas, o como deseabas... pero no por ello quiere decir que no haya sido bueno, incluso más de lo que veas en un principio. Quédate siempre con lo mejor, actúa de buena fe y dale tiempo al tiempo... porque él también habla.