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lunes, 27 de junio de 2016

Gente rota

Todos llevamos una cruz a cuestas, hemos tenido nuestros propios dramas; Hemos sufrido, llorado, caído y nos hemos rebozado alguna vez en el fango de la vida. Unos más, otros menos, pero todos hemos pasado por malos o peores momentos. 

Tarde o temprano, todos hemos sufrido o vivido de cerca alguna enfermedad, una desgracia, un trauma, desencuentros familiares, nos han roto el corazón, nos han engañando, estafado o robado. Todos, sin excepción, alguna vez perderemos o habremos perdido a alguien importante... Forma parte de la vida. La muerte, el dolor, el sufrimiento y las caídas, también son parte de la vida. Pero, como dice la canción, "todo depende... de según cómo se mire, todo depende".  

En mi opinión, todas las personas que llegan a nuestra vida, llegan por algo, y agradezco cada una de las que pasan por la mia porque todas aportan -sea consciente o no en el momento-. Aún así, hay un tipo de persona que me gusta de sobre manera. 

Me gusta la gente que ha sufrido, que ha caído en el pozo, que ha mordido el polvo, que ha sentido ahogarse en el fango, ha llorado lágrimas de sangre, que se ha golpeado fuerte; Me gustan los que han visto a la muerte a los ojos, los que han abrazado la miseria, los que sienten mutilada parte de su vida o de su alma, los que lo han perdido todo, los que lo han tenido que dejarlo todo... Me gusta la gente rota. 
Puede sonarte macabro, incluso escabroso, pero no lo es en absoluto. La gente rota es fuerte, sensible y empática. Conoce el dolor y sufrimiento de primera mano, y muchos de ellos son los que dibujan las sonrisas más hermosas e iluminadoras. 

La gente rota ha visto su vida derrumbarse, algunos hasta los cimientos, y ha sido (es) capaz de recoger y apartar los escombros para edificar de nuevo. Muchos de ellos han aprendido la importancia del ahora, de reconocer oportunidades valederas y aprovecharlas, de no perder la esperanza, luchar con constancia, y de creer en sí mismos

Son ojos llenos de luz, sonrisas llenas de vida, manos llenas de fuerza y corazones colmados de amor. Amor a quienes les rodean, a aquello que hacen... a la vida. Un amor que irradian en forma de energía vital donde quiera que vayan, donde quiera que estén. 

Son gente que inspira, de la que podemos aprender mucho. Enseñan sin proponérselo con cada gesto, predican con el ejemplo; Son la perseverancia personificada. Para ellos no ha sido fácil, y por eso conocen el valor del esfuerzo, y su recompensa. Son imperfectos y lo saben, por ello trabajan cada día para ser mejores, conseguir sus objetivos y crecer cada día en cada aspecto de su vida. 

Muchos de ellos están donde están porque han aprendido tanto a perdonar, como a reconocer sus errores, rectificar y aprender de ellos. Han aprendido a soltar y dejar ir todo aquello que no aporta en sus vidas, así como a alejarse cuando ellos no suman a la de los demás. Han aprendido a avanzar en positivo; A no juzgar, sino a observar, valorar y respetar; Se han alejado de los encasillamientos y han abierto más su campo visual.

Me gustan porque, además de admirarlos, me identifico con ellos. Es gente con la que se puede hablar durante horas sin aburrirnos y siempre aprender algo nuevo y positivo. Son gente que aporta, que suma y nunca resta. Son de esos locos que, como yo, piensan que todos podemos serlo si queremos. No es fácil, pero está en nosotros. Que la vida son dos días y hay mil motivos por lo que estar agradecidos y sonreír.  Que podemos mejorar cada día, evolucionar. 

Me gustan porque dibujan sonrisas entre lágrimas, nada les parece imposible y en los problemas ven herramientas para construir y no armas destructivas. Se alimentan de los fracasos, y ven siempre en positivo. Son esas flores que sobreviven al invierno para resplandecer en primavera. 

Me gusta la gente rota porque perdiendo aprendieron a ganar. 

sábado, 23 de abril de 2016

¿Quién se ha llevado mi queso?

Hoy,  Sant Jordi (En Cataluña) y Día Mundial Del Libro, no puedo dejar pasar por alto un post que llevaba tiempo queriendo publicar. En 1998 Spencer Johnson (psicólogo y escritor estadounidense) publicó un libro titulado ¿Quién se ha llevado mi queso?, que me gustaría relatarte muy resumidamente. Puede que se te haga un poco largo pero, por favor, léelo hasta el final. 


La obra relata la historia de 2 ratoncitos: Oli (Oliendo) y Corri (Corriendo) y 2 liliputienses (personas diminutas, del tamaño de los ratoncitos), cuyos nombres eran kif y Kof. Se desarrolla en un laberinto en el que los 4 personajes pasaban el día buscando sus quesos favoritos. Muchas veces sin encontrar nada, pero al día siguiente continuaban buscando. 
Los ratoncitos, Oli y Corri, recorrían un pasillo y si no encontraban nada, daban la media vuelta y buscaban en el siguiente. En cambio Kif y kof empleaban su capacidad de pensar y aprender de experiencias pasadas. 
Al cabo de un tiempo ambas parejas consiguieron el tan ansiado queso y volvían al mismo punto cada día, pero Kif y Kof empezaron a relajarse y llegaban cada día más tarde.... Tenían el queso asegurado. Hasta que un día llegaron los ratoncitos para encontrarse con la mala noticia de que el queso estaba prácticamente agotado, por lo que se alimentaron y se fueron en busca de más. Para cuando llegaron Kif y Kof ya no quedaba nada. Entraron en cólera, se irritaron muchísimo y kif reclamó en voz alta quién se había llevado su queso. 
Los ratoncitos siguieron día tras día en su búsqueda, hasta que después de mucho trabajo dieron con otro punto del laberinto en el que había cantidades inmensas de quesos exquisitos. Por su parte, Kif y Kof analizaban y Kof proponía ir en busca de queso, a lo que Kif replicaba que había que esperar, pues el queso volvería tarde o temprano. Kof, entonces, tomó la determinación de irse y emprender su propia búsqueda.
A continuación el autor cuenta todas las peripecias y hermosos detalles del viaje de Kof en busca de su nuevo queso y el enorme crecimiento personal que ello supuso. Así mismo, relata la frustración y el estancamiento de Kif, quien se quedó a la espera de que su queso, tarde o temprano, volviese; cómo se dejaba paralizar por el miedo y la incertidumbre que producen lo desconocido. 
Al final, Kof - con arduo trabajo - encuentra un nuevo lugar con quesos exquisitos y en gran abundancia. Lugar en el que, por cierto, se reencontró con Oli y Corri, con signos de estar muy bien alimentados. ¿Por qué los ratoncitos estaban allí y tan bien alimentados? Porque su simple, y aparentemente ineficiente, método les mantenía siempre alerta. No esperaban a acabar las existencias, ni se paraban a reflexionar en la inmortalidad del cangrejo (como decimos en Venezuela), sino que actuaban. Estaban siempre alerta a las señas de cambio. No se dejaban paralizar y avanzaban.  
"Cambia, muévete cuando se mueve el queso. Disfruta del cambio, saborea la aventura y disfruta del nuevo queso"






A lo largo de la historia te va enseñando la importancia de prepararte para el cambio, de estar alerta para saber detectar los pequeños cambios que preceden a los más grandes, de no dejarte paralizar por las adversidades que se presentan en la vida y de que lo único seguro que tenemos, además del momento presente, es el cambio. Somos y vivimos en constante cambio. Las circunstancias son las que son y no podemos cambiarlas, pero sí podemos hacerlo nosotros y evolucionar con ellas... y ello llevarnos al nuevo queso, cuando el nuestro escasea o se ha acabado. 


Cuenta como más de una vez Kof quiso volver a buscar a su amigo, y de hecho lo hizo, pero no valió de nada. Fue entonces - al final -  cuando se dio cuenta que Kif, y sólo Kif, era artífice de su propio destino. Que por mucho que él quisiera ayudarle, no podría si el propio Kif no se ayudaba a si mismo. Pero al menos le quedaba la satisfacción de que si algún día su amigo decidía salir de su letargo, él le había allanado el camino, dejándole una y mil notas de sus aprendizajes, guiándole en ese maravilloso viaje de búsqueda y crecimiento. 

Para concluir: 

1- "Si no cambias, te extingues". Como decimos en España... "Renovarse o morir"... en todo lo que hagas, en todos los aspectos de tu vida. 

2- "Cuando dejas atrás el miedo, te sientes libre", y yo diría que más que dejarlo atrás, es aprender a gestionarlo. Es una herramienta de supervivencia...   y de superación. (de ello hablo en el post del 21 de enero de 2015 " El Miedo")

3- "Imaginarse disfrutando del queso nuevo antes incluso de encontrarlo, conduce a él"... ¿quién no ha saboreado la emoción de acabar una carrera cuando se entrena para ella? De hecho es un fuerte método de motivación. Visualizarte alcanzando esa meta por la que luchas te dará aún más fuerza para llegar a ella.  

4- "Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se encuentra el queso nuevo" Cuando dejas de regodearte en lo que has perdido, dejas de perder tiempo y energía absurdamente en lo que ya no tienes. En cambio, empleas esos mismos recursos que antes desperdiciabas, en encontrar ese nuevo "queso" que buscas, quieres o necesitas

5- "Cuando ves que puedes encontrar nuevo queso y disfrutar de él, cambias de trayectoria".... Sí, así es. Cuando saboreas el éxito del cambio, disfrutas del camino y de la meta, cada vez te cuesta menos emprender otros nuevos.